Avanzamos en reversa, por amor, pero en reversa.
Sancionar por sancionar e impedir la libertad a una persona es una decisión que debe ser vigilada aunque la misma sea mediante un acuerdo democrático.

¿Es incorrecto mermar la libertad de una persona en busca de lo que la mayoría considera correcto, en especial cuando se trata de dar más poder a quien ya lo tiene casi todo sin que esto redunde en soluciones para nadie?

Vamos por lo básico: Creer que un texto, en un conjunto de hojas, que es aprobado en un salón, donde participan otras personas que se atribuyen la representación de todos los demás es una ley absoluta, que sólo por que sí es buena: es un absurdo.

Si las decisiones de un humano pueden ser erróneas, porque todos nos equivocamos, debemos reconocer que la representatividad democrática y el nombramiento oficial no son garantes de total asertividad. Es decir: esos humanos que se atribuyen la representación del resto y que definen una ley no son infalibles en sus decisiones y por lo tanto pueden equivocarse al redactar el texto que se incluye en un conjunto de hojas que, a la vez, aprueban de forma democrática en un recinto oficial diseñado para tal efecto.

No hay garantía de éxito mediante una Ley aprobada con las reglas establecidas en otra Ley. Nadie puede asegurar que esa normatividad no represente un riesgo de abuso y mucho menos existe certeza de que se cumplirá el ideal que dió origen a dicha propuesta de reglamentación, aunque ese ideal tenga origen en el amor más puro que un humano pueda sentir en el fondo de sus entrañas.

Por ello los habitantes de una nación estamos obligados a vigilar lo que hacen aquellos que se atribuyen nuestra representación, pues en nuestro nombre se toman decisiones que nos afectarán y le darán el poder a otras personas, iguales a nosotros, pero capaces de limitarnos, juzgarnos y hasta sancionarnos.

Aún siendo electos y electas democráticamente, sus decisiones deben ser observadas y sus propuestas analizadas y cuestionadas.

Un diputado o diputada decide qué puedes hacer, cómo hacerlo y cómo serás sancionado o sancionada en caso de incumplir y cada vez que ellos y ellas hacen eso avanzan sobre la libertad de los demás, porque en su búsqueda de orden establecen controles y estos funcionan como fronteras entre lo que es aceptable para convivir en sociedad y lo que no, por lo tanto ellos y ellas definen lo que será sancionado por la autoridad que vigila el cumplimiento de esa Ley en pro de la convivencia pacífica de los individuos que forman esa grandiosa sociedad.

De manera que: si no te gusta que alguien determine el tipo de negocio, los horarios del negocio; los estilos de reunión, los horarios de una reunión; la forma o presentación de un producto, los horarios y esquemas de distribución de ese producto; la vestimenta y las sanciones por no portarla o hasta la forma en que se define un matrimonio, debes vigilar lo que aprueban los diputados y diputadas.

El avance de “la sociedad” sobre la libertad de los individuos ya lo advierte Frédéric Bastiat en su ensayo sobre La Ley y aunque define claramente que la Ley tiene como propósito que lo colectivo proteja aquello a lo que el individuo tiene Derecho y desde su perspectiva esto es; su personalidad, su libertad y su propiedad. reconoce que cada vez se avanza más en contra de estos Derechos y lo deja ver un párrafo que nos sirve hoy para advertir que el problema sigue:

“Por desgracia, la ley no se ha limitado a cumplir la función que le corresponde, y cuando se ha apartado de esta función, no lo ha hecho en asuntos neutros y discutibles. Hizo algo peor: obró contra su propio fin, destruyó su propio fin; se dedicó a aniquilar la justicia que habría debido hacer reinar, a borrar entre los derechos el límite que debería haber hecho respetar; puso la fuerza colectiva al servicio de quienes quieren explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, la persona, la libertad y la propiedad ajenas; convirtió el despojo en derecho para protegerlo y la legítima defensa en crimen para castigarlo”.

No se detienen

Me parece injusto pensar que el avance sobre la libertad de los individuos tiene como propósito el sometimiento en sí mismo. Considero que todo ha sido resultado del afán de trascender sin mirar el daño que se causa en el proceso y hoy estamos ante otro caso más que, además de absurdo, me parece bastante ilustrativo.

Si el objetivo de un Código Penal en un Estado Democrátivo es definir las acciones que deben ser sancionadas porque representan un delito y por ende un daño a la sociedad misma, es claro que no podemos permitir que cualquier acción humana se incluya en el documento, ya que no todo puede ser considerado un delito.

Privar de la libertad a una persona o mermar las acciones que una persona puede hacer, no es una decisión que se justifique sólo por buenas intenciones.

Un delito, según el Código Penal de Sonora, que es el caso que nos atañe, “es una acción u omisión típica, antijurídica y culpable sancionada por las leyes penales”. En Sonora hay delitos políticos como la rebelión, sedición, asonada, motín, conspiración y terrorismo.

También está la conducción punible, delitos contra la Seguridad Pública, por interrumpir el flujo de vehículos, oposición a la obra pública, desobediencia y resistencia de particulares, corrupción, abuso de autoridad, robo, homicidio, feminicidio y hasta el maltrato animal.

El artículo 342 define qué es el delito de maltrarto y crueldad animal, las sanciones y agravantes del mismo, de esta forma y según la ley, puedes aprender a cuidar y tratar un animal. Estoy seguro que a algunos y algunas este avance les parecerá un logro de la superestructura en la construcción de una sociedad en evolución.

O bien; con este texto adherido a un código que rige el actuar de los sonorenses, automáticamente, de forma mágica reconocemos que hemos evolucionado como sociedad. Volteamos al cielo y casi vemos a Gandhi observándonos a través de sus gafas mientras dice con voz pacífica y con un eco suave.

“La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que ellos tratan a sus animales. Yo siento que el progreso espiritual requiere que en algún momento dejemos de matar a nuestras criaturas hermanas para satisfacer nuestros deseos corporales”…

Sigue y sigue y sigue…

En el Congreso del Estado de Sonora se discute anexar una fracción más al artículo 342 del Código Penal, actualmente en 10 fracciones se establecen cuáles son los actos de crueldad o maltrato animal y todos pueden ser debatidos si consideramos que un animal tiene un dueño, que debe responsabilizarse del mismo y que es solamente él o ella quien puede definir el destino del animal en cuestión.

Aunque al final expongo sólo algunas ideas que podrían ser causa de debate de cada fracción, lo establecido en el Código atenta contra la propiedad del ciudadano intentando definir cómo sí y cómo no tratar un animal, además genera desigualdad al distinguir entre el trato a perros, gatos y no incluye toros o gallos en algunos casos que podríamos equiparar sucesos.

¿Acaso al poseer un perro o un gato se te debe someter más a la vigilancia de la  autoridad que posees un toro o un gallo?

Hasta la sexualidad del dueño se cuestiona al catalogar como zoofilia algo que hoy podría defenderse como transespecie y se hace del acto un delito. Digno del siglo pasado.

Pero el “juego” sigue y ahora detonar pirotecnia podría ser agregado como un acto de maltrato animal, es decir: se te puede acusar penalmente por usar fuegos artificiales en tu casa, aunque no tengas mascotas.

Si tu adquieres un producto de forma legal, lo llevas a tu propiedad, donde no tienes algún tipo de especie animal como mascota y lo usas cuidando toda previsión correspondiente, podrías ser sancionado con prisión de uno a dos años y multa de cincuenta a cien Unidades de Medida y Actualización (de 4,811.00 pesos a 9,622 pesos según valor de la UMA diario en 2022)

Claro que el dinero no es para reponer el daño a los dueños de mascotas afectadas. Es para el erario público que administran los mismos que deciden, vigilan y hacen cumplir las leyes, si acaso el juez decide enviarte a prisión, pues será claro que tu vida como no propietario de mascotas es menos valiosa que el que posee mascotas, aunque al final la use para satisfacer sus necesidades sexuiales pero nadie lo sepa.

Representantes de organizaciones de la sociedad civil, defensores de Derechos Humanos y representantes del Poder Judicial que participan en el análisis de la propuesta mediante el proceso de Parlamento Abierto celebran o construyen la iniciativa sin advertir el riesgo de pasar sobre los derechos de personas que no han hecho más que usar libremente su dinero, su propiedad y disfrutar la detonación de pirotécnia, que bien puede ser definido como algo propio de su personalidad.

Ghandi no habla de sancionar a los demás para que elevemos la moral de la sociedad. Estaría además especialmente en contra de un trato desigual ante la ley provocado por juicios ajenos que se imponen sobre la propiedad privada de las personas que han adquirido todo de forma legal, ya sea un perro y cortarle las orejas o castrarlo o un toro para adorarlo o incluso amarlo.

¿Será que el Estado neutro -haciendo alusión a Gramsci- atiende a las exigencias de una clase que es más humana? Aunque al mismo tiempo le impide a los humanos el desarrollo de su personalidad cuando se trata de pirotecnia o de usar a sus animales para satisfacer sus necesidades sexuales o de tratar distinto al ciudadano que hace pelear perros del que hace pelear gallos.

Si un individuo humano tiene derecho a desarrollar su personalidad, a la libertad y a la propiedad en un Estado democrático y libre: ¿Qué hace otro igual, desde un puesto de Poder, limitando e interviniendo en la decisión libre del uso de su propiedad y en el desarrollo de la personalidad de su prójimo?

Sin duda la pirotécnia puede representar riesgos, peligros graves, pero intervenir en la vida privada de los ciudadanos no solucionará el problema, como no ha sucedido con otros conflictos como la inseguridad, la violencia y la delincuencia que, en efecto, reflejan el descuido al respeto entre iguales.

El uso de pirotécnia cada vez más potente en plena ciudad demuestra el desdén y el poco interés por el respeto a los demás. Sin importar si se asustan perros, gatos o serpientes. Cuando un jóven, adulto o menor “truenan un cuete”, sólo están expresando de forma altanera y casi desafiante, que nada le importa la salud, la seguridad y el respeto a la propiedad de los demás, incluida en esa propiedad su salud, su tranquilidad y su cuerpo que se ve afectado por la interrupción del descanso

Aunque el proceso de aprobación de leyes sea mediante un órgano colegiado conformado por la participación democrática de los gobernados, sus decisiones no necesariamente benefician a los individuos, únicos afectados por las decisiones de sus autoridades.

¿Es la única opción?

Endurecer leyes no es la respuesta, es parte del problema que desvía la atención de los integrantes de un Estado cada vez más inútil y limitado, que ha olvidado su obligación esencial: cuidar la sana convivencia de los integrantes de la sociedad que dirige y no intervenir para limitar las libertades en busca de una paz forzada.

La Paz nunca será resultado de aumentar las sanciones o límites. Nunca ha funcionado así. La libertad de las personas y la responsabilidad sobre sus actos es lo que nos ha permitido entender el valor de la vida, del trabajo y de la libertad de los demás.

Quemamos brujas, hasta que aceptamos la libertad de credo y cada religión se responsabiliza de sus abusos y actos; detuvimos y fusilamos disidentes hasta que aceptamos la libertad de pensamiento y cada ideología compite por sus adeptos.

Es tiempo de aceptar que la propiedad privada y su disfrute es un asunto individual y el daño causado sólo es de interés público cuando otro individuo es el afectado en el desarrollo de su personalidad, el disfrute de su libertad o en su propiedad; en dado caso dicho mal debe ser comprobado, reparado sin abuso e impedir la impunidad del acto.

Lo ideal es impulsar la reparación del daño, la sanción correcta y justa por el acto cometido y el acuerdo justo entre el trasgresor de la ley y la víctima, es ahí donde necesitamos la intervención del Estado a través de sus leyes y reconociendo siempre que cualquier intervención no necesaria generará desigualdad ante la ley y los problemas continuarán o empeorarán.

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