Ayer, la Universidad de Sonora, en su afán por trascender más allá de sus muros y generar una visión crítica sobre un evento que atrae a millones, envió un comunicado advirtiendo sobre la carga ideológica del Super Bowl.
Un comunicado de prensa no es el mejor medio para exponer un análisis profundo sobre la realidad. Si los ensayos a veces se quedan cortos y los debates de horas apenas logran refutar o comprobar hipótesis, ¿qué se puede esperar de un boletín de prensa? Intentar subirse a la ola de tendencias informativas con un mensaje ideológico mal planteado es una receta para ser ignorado y, en el proceso, desvalorizar la propuesta académica.
Sorprende que una universidad con carreras de prestigio, como Ciencias de la Comunicación, caiga en errores básicos de comunicación —sí, valga la redundancia—, arriesgando el prestigio de sus académicos sin razón aparente. A menos, claro, que el propósito real sea provocar una discusión hueca.
El valor académico
Quienes pasamos por los salones de Ciencias de la Comunicación en la Unison conocemos a académicos comprometidos con su labor. Uno de ellos es Enrique Rivera Guerrero, profesor de la licenciatura, citado en el comunicado del 8 de febrero.
Rivera Guerrero advierte sobre la carga ideológica del evento, visto en 2024 por más de 125 millones de espectadores. Según el boletín:
“Porque en televisión se ven las rayas del emparrillado con los colores de la bandera de los Estados Unidos, el gran protocolo patriótico como el canto del himno, el paseo de los aviones militares en la inauguración. Estamos viendo un poder ideológico que no es inocente, pues está mostrando todo su poder al mundo”, señala el académico.
La explicación continúa:
“Sin olvidar también lo que es el espectáculo del medio tiempo, que resulta ser muchas veces lo único que ve la gente, pero el show ha venido evolucionando a los gustos de las generaciones, y este también es una situación muy importante”.
El planteamiento es interesante y la experiencia del profesor en las ciencias sociales no está en duda. Sin embargo, la solidez del argumento depende de quién lo lea y de su propia carga ideológica.
El comunicado no profundiza en el tema y, al final, remata con una anécdota que no aporta demasiado:
“El primer partido de fútbol americano en México fue jugado en Xalapa, Veracruz, siendo un fenómeno importante que se presentó tal vez a finales del siglo XIX, principios del siglo XX, cuando alumnos acomodados en la sociedad jalapeña estudiaron en los Estados Unidos, conocieron el juego, lo trajeron y lo jugaron por primera vez en aquella ciudad”.
Así que, según esto, aquellos alumnos “acomodados” trajeron el gusto por el fútbol americano, y esa influencia de personas ricas entretiene ahora a los pobres… ¿Esa es la idea?
Si seguimos la lógica, un mexicano que ve el Super Bowl es víctima de una estructura ideológica que lo somete mediante emparrillados adornados con franjas rojiblancas, aviones militares y un despliegue de poder norteamericano que, de algún modo, lo lleva a entregar su plusvalía al empresariado… ¿mexicano?
Si el Super Bowl es un evento ideológico que influye en la audiencia, entonces:
¿Una pelea del Canelo en Arabia Saudita es un evento que busca influir ideológicamente a la comunidad árabe?
¿O la ideología solo se aplica cuando se trata de Estados Unidos?

El problema de fondo
No hay comunicación sin propósito. Creer que un evento con la magnitud del Super Bowl no tiene intenciones comerciales o políticas es ingenuo. Pero lanzar un boletín para advertir sobre ello, sin más sustento que un par de observaciones sobre consumo, publicidad y lucha de clases, tampoco es un acto inocente.
Criticar el gusto de millones sin profundizar en las causas no es visión crítica, es provocación. En pleno 2025, en un mundo cada vez más polarizado, hacer del Super Bowl un fenómeno ideológico sin explicar a fondo el porqué solo contribuye a la confusión.
Si seguimos esta línea, podríamos decir que el fútbol soccer en México refuerza el gusto por el socialismo y la mediocridad del triunfo colectivo: todos ganamos sin hacer nada, el resultado solo lo cambia el equipo, y nadie destaca sobre el grupo… Claro, sin olvidar los millones que se generan en la venta de souvenirs y boletos.
Una academia atrapada en su propio discurso
El verdadero problema es que la crítica al Super Bowl se presenta en un formato que demerita la discusión. Un periodista con tiempo libre toma la declaración sobre el fútbol americano, la compara con el soccer y le añade la visión de Simon Critchley para justificar la “mediocridad mexicana”. Incorrecto, pero suficiente para generar tendencia.
Aquí la crítica la hace un periodista. Pero el boletín lo genera una universidad, una institución que debería formar profesionistas, no alimentar discursos sin sustento.
Si el Super Bowl es ideológico, lo es también la Copa del Mundo de fútbol soccer y la pelea del Canelo en Emiratos Árabes. Eventos que requieren comunicólogos, mercadólogos, administradores y cientos de profesionales más. ¿Ellos también crean ideología?
La ideología no se impone en un espectáculo deportivo, sino en las universidades que reciclan discursos anticuados con dinero público. Y si algo queda claro, es que con los 3.3 mil millones de pesos que mantiene a la Unison, no se financia un debate de altura, sino un comunicado de prensa que juega a la crítica sin decir mucho.





