Por Conrado Quezada R.

No son pocas las voces que intentan culpar al ciudadano por los resultados del proceso electoral extraordinario de 2025 para elegir a los integrantes del Poder Judicial. Lo que deja en evidencia por qué los periodistas, analistas y políticos cada día nos alejamos más del ciudadano.

La democracia, entendida como el sistema político que permite a los ciudadanos elegir a sus autoridades, cobra sentido precisamente en los procesos mediante los cuales los habitantes de una región expresan su voluntad a través de su participación en mecanismos de elección.

Pero el hecho de gozar de un sistema democrático no lleva implícita una obligatoriedad, sino la posibilidad de decidir libremente si participar o no en dichos procesos. De nada sirve un sistema democrático que obliga a sus ciudadanos a participar.

Entendamos esto con un ejemplo más sencillo: en una sociedad donde las personas tienen derecho a contraer matrimonio avalado por el Estado, debe existir también la libertad de decidir no ejercer dicho privilegio, especialmente si no se desea contraer nupcias con alguien en particular.

Los catastróficos resultados de la elección del 1 de junio en México tienen responsables, pero culpar a los ciudadanos es avalar a los mediocres que organizaron, compitieron y promovieron el proceso para “acabar” con el deficiente Poder Judicial mexicano.

¿Queda claro?

El proceso de selección fue una farsa. Riqui Ruiquín Canallín (el senador Ricardo Anaya) lo expuso en el pleno del Senado y tomó como ejemplo a Sonora.

La organización se encargó de alejar a los votantes. El proceso fue engorroso, imposible de seguir para conocer a los candidatos, y especialmente desconfiable cuando el conteo estuvo a cargo de funcionarios del INE o de los OPLEs.

De los 115.9 millones de votos, el 10.8% fueron nulos y el 12.1% no fueron válidos porque dejaron casillas en blanco, los números no se entendían o no se llenaron correctamente. Solo el 77.03% correspondió a votos válidos.

¿Podemos comprobar que los números eran ilegibles? No. Pero el tema es tan intrascendente que nadie quiere saberlo.

¿Algún aspirante a la Suprema Corte de Justicia de la Nación obtuvo más votos que los votos nulos? No. Pero ¿a quién le importa, si pocos mexicanos saben para qué sirven esos burócratas?

Sonora en el peor escenario

Los resultados en Sonora son mediocres y aberrantes. Con poco más del 9% de participación ciudadana, los votos derivaron en futuros nombramientos de personas juzgadoras cercanas a la 4T, ya sea del proyecto original o del “segundo piso”.

Pero no es necesario googlear los nombres. Basta con intentar comprender el caso de Daniel Humberto Acedo Fimbres, candidato con el número 09 en la papeleta, quien obtuvo 78 mil 794 votos.

Además de que no superó los más de 83 mil votos nulos emitidos en Sonora, obtuvo su puesto en el Poder Judicial del estado, a pesar de haber renunciado a su candidatura. Y no solo eso: renunció antes de ir a votar y promover la participación en el proceso.

En su carta de renuncia expuso asuntos personales y su respeto por la labor del Poder Judicial. La misiva fue recibida a las 7:32 de la mañana, y él posteó en X su presencia en la casilla de votación a las 10:55.

Una renuncia entregada antes de votar es solamente la huella que deja la política en un proceso del que se esperaban resultados distintos, y que ahora se obliga a corregir la plana.

Se intentó cuestionar su relación matrimonial con una funcionaria estatal, pero ese dato se conocía desde su inscripción. El problema que detonó su renuncia fue personal o político. ¿Tú qué crees?

Una elección mediocre

En la elección de “personas juzgadoras” pasó lo que todos sabíamos y no necesitamos ser expertos en política para entender. Las y los mexicanos en el Poder terminaron con por hacerse de más Poder y eso no cambiará lo inservible de alguno de los tres Poderes del Estado. Las y los mexicanos que estamos fuera de esa clase dorada no podemos hacer nada para cambiarlo.

Ahora que unos dicen que el Pueblo abandona a MORENA o que la oposición no sirvió para generar un contrapeso y mientas que otros celebran lo histórico del suceso, ambos lados demuestran que la clase política no está dispuesta a entender.

El pueblo ignoró su juego, al pueblo no le interesa y para mí, que el concepto pueblo es absurdo, esto significa que ningún candidato, líder o académico dijo nada de valor para cambiar la decisión de no votar de las y los mexicanos.

Incluso aquellos que llamaban a anular el voto, ojalá hoy entiendan lo vacío de su llamado, pues tendremos Ministros que perdieron ante los votos nulos y aún así, cínicamente, celebran lo histórico del momento.

Los mexicanos no hemos perdido nada, la mediocre elección no nos ofrecía nada que ganar. No había posibilidad de ganar mejores condiciones económicas, equilibrios de Poder o Libertad.

Por eso votaron ellos y perdieron ellos, esos y esas que viven del sometimiento y la riqueza que creamos nosotros, los que vivimos con la poca libertad que nos queda: ignorar su mediocridad.

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