Por Conrado Quezada R.
La promesa de Donald Trump de imponer aranceles generalizados del 10% a todos los productos importados, si regresa a la Casa Blanca, ha reavivado el debate sobre el comercio internacional y la pérdida de empleos industriales en Estados Unidos.
Su planteamiento sugiere que una política comercial más dura, proteccionista, bastaría para revertir décadas de desindustrialización. Con base en dos artículos, uno de Ana Swanson en The New York Times y otro de Antony P. Mueller, en el portal de el Instituto Mises se pueden obtener pistas interesantes al respecto.
Aparentemente, la visión de Donald Trump olvida que el comercio y su disparidad no es la causa de fondo, sino un síntoma de una estructura monetaria que juega en contra de la competitividad estadounidense.

El espejismo de los aranceles como solución
En el artículo de The New York Times se advierte que el retorno del proteccionismo trumpista —con aranceles que afectarían desde automóviles hasta ropa y productos electrónicos— no es más que una «fantasía política».
Los especialistas consultados advierten que los aranceles no resolverían el desequilibrio estructural del comercio estadounidense, y apenas brindarían una protección superficial a ciertas industrias mientras encarecen la vida de los consumidores y alimentan represalias comerciales.
El argumento se basa en evidencia histórica: los aranceles de la era Trump entre 2017 y 2021 no lograron detener la salida de empleos manufactureros.
De hecho, la industria continuó perdiendo participación frente a productores más competitivos, especialmente en Asia. La razón, explica, es que Estados Unidos está atrapado en un ciclo sostenido de déficit comercial estructural, incentivado por el rol del dólar como moneda de reserva global.
El libre comercio como principio económico universal
Desde una visión más liberal, el economista Antony P. Mueller, en un artículo publicado por el Instituto Mises, plantea que los aranceles representan una distorsión del proceso de asignación eficiente de recursos.
Argumenta que el comercio internacional no es diferente del comercio entre personas, ciudades o estados: todos se benefician al especializarse en lo que hacen mejor y comerciar el resto.
La lógica del intercambio voluntario no desaparece cuando se cruza una frontera nacional”, y desde esta perspectiva, los aranceles se convierten en una forma de beneficiar a ciertos sectores a expensas del bienestar general.
El papel del dólar: el verdadero origen del desequilibrio

En ambos textos coinciden en que la raíz del problema no está en China ni en México, sino en el propio sistema monetario global y desde que el dólar asumió el rol de moneda de reserva mundial, Estados Unidos se ha visto obligado a sostener déficits comerciales constantes para abastecer de dólares a las reservas internacionales de otros países.
Esto implica que el país debe importar más de lo que exporta, por definición, para que el mundo entero pueda seguir utilizando dólares como resguardo de valor.
Esta condición ha mantenido al dólar artificialmente fuerte durante décadas, lo cual ha encarecido las exportaciones estadounidenses y ha erosionado su base industrial.
Antony P. Mueller, desde una óptica más austríaca, también sugiere que el problema de fondo es el uso político del dinero. En su análisis, el gasto gubernamental, el déficit fiscal y la manipulación monetaria por parte de la Reserva Federal distorsionan las señales del mercado, impiden ajustes naturales de precios y salarios, y alimentan burbujas en sectores improductivos, como el financiero, en lugar de favorecer la inversión productiva.
Aranceles sin reforma monetaria: una receta incompleta
Ambas posturas coinciden en lo esencial: ningún nivel de proteccionismo resolverá los desequilibrios si no se abordan las condiciones estructurales que los causan.
Los aranceles podrían proteger temporalmente a algunas industrias, pero no revertirán las consecuencias de décadas de política monetaria expansiva y de un sistema internacional que exige que Estados Unidos sea, simultáneamente, consumidor de última instancia y proveedor de liquidez mundial.

El debate necesario: más allá de la guerra comercial
En lugar de lanzar una nueva guerra comercial, lo que Estados Unidos necesita es abrir un debate profundo sobre el rol del dólar en la economía mundial.
Mientras otras potencias avanzan hacia acuerdos comerciales y monetarios que desafían la hegemonía del billete verde, Estados Unidos persiste en una estrategia autodestructiva: usa su moneda como instrumento de poder geopolítico sin considerar sus efectos internos sobre la industria, el empleo y la productividad.
Revisar esta arquitectura global no es tarea fácil ni inmediata. Pero asumir que todo se resolverá con más impuestos a las importaciones es una forma de evadir el verdadero problema.





