Desde hace semanas, antes incluso del bloqueo a la cuenta de Twitter y Facebook de Donald Trump se desató de nuevo el debate sobre la regulación de las Redes Sociales y la necesidad de que la clase política intervenga en la forma en que estas empresas deciden a quién darle voz, a quién no y con qué metodología.

Desde una perspectiva liberal la regulación nunca termina en nada bueno. Por lo general las regulaciones impiden la competencia, cierran los mercados y especialmente -ESPECIALMENTE- generan corrupción.

Desde el 6 de enero el tema entra de nuevo en el debate público en México y el asunto en redes sociales genera una discusión valiosa que nos debe hacer analizar y preguntarnos ¿para qué regular las redes? ¿por qué creemos que las redes deben proteger la libertad de expresión? Y en especial: ¿Twitter o Facebook… Tik Tok son garantes de mi libertad de expresión?

Los Estados no pueden intervenir en el espacio privado

Para poner en términos prácticos el tema podemos empezar comparando la realidad que vives en tu casa y en tus relaciones privadas. ¿Gozas de libertad plena en tu hogar? Y después de responder esa pregunta responde la siguiente: ¿Tu vecino goza de libertad plena en tu hogar?

Aunque a la primera pregunta me digas que sí, a la segunda me dirás que no. Entonces ¿Por qué no hacer un reglamento que garantice la libertad de expresión de tu vecino dentro de tu casa?

O mejor aún: ¿Por qué no exigir un reglamento que te permita expresar tus ideas de forma libre y sin más límite que el espacio físico del prójimo en un restaurante? Imagina que deseas iniciar una manifestación para defender el Derecho a la libertad de expresión en redes sociales y para ello te levantas y gritas que todos deben poder expresar lo que quieran en twitter y que por un facebook libre todos saquen sus cámaras y graven al sujeto de al lado.

Imposible. Primero porque estás violentando con tu decisión un espacio privado que, si bien recibe personas y presta un servicio al público, define sus propias reglas de convivencia entre los clientes. Además el comensal de un lado quizá no desee ser grabado con tu cámara y ahí violentas otro derecho: la privacidad de las personas.

Las redes sociales son lo mismo. Un espacio de convivencia pública que está programado y sostenido por privados. Cualquiera puede entrar siempre y cuando respete las reglas y esas reglas limitan lo que puedes publicar. ¿por qué? Porque ese es su negocio.

Cuidado con los derechos

Es romántico, se escucha muy bonito, enamora escuchar a los políticos hablar de nuestra defensa a la libertad de expresión. Emociona leer historietas míticas para comparar al “defensor de tus derechos” con el opresor dueño de una empresa que no te deja expresar.

Así publica el senador de Morena, Ricardo Monreal Ávila, la historia en su blog personal y dice que esto es como el enfrentamiento entre el Leviatán y el Behemont y cita el ejemplo de la suspensión de la cuenta de Donald Trump en Twitter y Facebook para reiterar que le negaron su libertad de expresión, representando esto el enfrentamiento entre el Poder Público y los Poderes Fácticos Privados.

¿Lo que en México tenemos que discutir primero es si consideramos correcto que la clase política intervenga legalmente una empresa para garantizar un derecho? La respuesta atractiva será Sí. La realidad es NO.

Si no puedes entrar a un restaurante no te impiden comer. Si no puedes twittear que tu opositor político es un idiota no te están impidiendo expresarte. En ambos casos lo que te limitan es la comodidad, pero para gozarla debes cumplir con sus requisitos. La libertad de expresión, la libertad de asociación y la propiedad privada conviven entre sí y nunca se contraponen en el espacio público donde los individuos convivimos excepto cuando la clase política las regula, limita y oprime con sus decisiones.

La sociedad civil también ha promovido la censura.

Nuestra responsabilidad

Ahora bien, si las redes sociales son espacios para la publicación de lo que sus usuarios consideran de importancia y las empresas que crean y ponen reglas de uso que te impiden hacerlo 100% libre. ¿Acaso están limitando la facilidad con la que compartes tus ideas? Definitivamente sí.

Pero esto no es culpa del Gobierno, el Estado o la clase política. En realidad es una censura que viene de la misma sociedad civil y es así como nosotros nos llevamos el tiro en el pie. Queremos protección de todo, necesitamos que alguien impida que me sienta agredido. Va un ejemplo: si sale una mujer muy bella y los hombres le dan “like” está siendo cosificada, que ¡se impida! Si un hombre golpea a otro porque -no importa lo golpea- y se le celebra: se está promoviendo la violencia ¡que se elimine!

La sociedad civil ha sido la principal promotora de la censura en redes sociales y todo porque temen a lo desconocido. Pasó con el COVID-19, las redes censuraban todo contenido que considerarán que alteraba lo que se debía saber y lo que no. Intenta promover el uso del Dióxido de Cloro en redes…

“Las empresas, al ser un espacio privado están legitimadas a censurar dentro de ese espacio privado siempre y cuando no haya ya un contrato establecido de por medio. Sin embargo, que estén legitimadas a hacerlo no significa que eso sea positivo. También la censura viene de parte de individuos, lobbys, grupos de pensamiento”, dice un párrafo en el artículo “En defensa de la libertad de expresión” publicado por el Centro Misses.

Hasta en «Las Mañaneras» se ha promovido la idea

En las conferencias matutinas de la Presidencia de la República Mexicana también se expuso la posibilidad de regular las redes sociales y hasta proponerlo en la reunión G20.

Nosotros hemos sido capturados por el miedo, ese miedo queremos que las redes sociales nos lo quiten regulando al idiota del otro lado de la pantalla. Al macho opresor del otro lado, al bully que me manda textos, al ladrón que me quiere estafar, a la persona que decide compartir algo que a mi me hace sentir mal. Así llegamos al punto en el que Twitter censuró a Trump y lo celebraron unos, lamentaron otros y aprovecharán los políticos para ahora promover leyes que les autoricen regular.

En realidad a Tump no le pasó nada al quedarse sin twitter, creo que sigue siendo rico y con planes políticos y a mi no me pasaba nada cuando él llamaba a los mexicanos “bad-hombres” y lo subía a sus redes sociales; yo tenía que seguir trabajando igual, leyendo igual y ya.

Ahora vamos en sentido contrario. Lo empezamos nosotros con tanta regla exigida, lo amarrarán los políticos con nuevas reglas votadas en una cámara de “representantes” y lo aguantaremos nosotros: como en China, Corea del Norte, Turquía, Irán, Egipto y algunos más.

Recuerdan cuando nos sorprendía que en Egipto se evitara el uso de Whatsapp, la red social más usada durante “La primavera árabe”… No quiero ser fatalista, pero ¿para qué regular las redes sociales? ¿no crees que están ya muy reguladas por las empresas que desean satisfacer a sus usuarios temerosos de que alguien publique “Dioxido de Cloro”?.

Si no van por más libertad… Dejémoslo así

La idea no es nueva. Tenemos en México discutiéndolo desde el 2013 se pretendía generar leyes que nos protegieran de las estafas, impedir la difamación y hoy se habla de cosas sin sentido como estados supranacionales.

La libertad de expresión no está hecha para que te agrade lo que escuchas, ves o lees. Es que es el único método que facilita la defensa de las minorías y el individuo de la opresión de las mayorías o de otros individuos.

Las redes sociales no deben garantizar ningún derecho. La libertad de expresión la debes poder exigir en la calle, en los medios públicos de comunicación como Canal Once o Telemax en Sonora o Radio Sonora e incluso la Hora Nacional. El derecho a la información se refiere al acceso a la información no tiene nada que ver con la información de los privados.

El artículo sexto de la Constitución lo dice claramente: acceso a información de los entes públicos o de personas que reciben y ejercen recursos públicos, pero la información de los privados no. Así que ese derecho se cumple desde los espacios públicos-políticos de México, no desde las empresas.

Esta regulación de empresas de redes sociales para defender la libertad de expresión es más peligrosa que benéfica. Que no te lleven en el cuento de que velan por tu interés, pues los usuarios comunes de redes sociales no tienen nada de que preocuparse y las empresas sí tienen mucho que perder al obligarlas a cumplir con la clase política de cualquier país del mundo.

Libertad, libertad… ¡Libertad¡

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